José Aureliano Martín Segura, nacido en Dílar (Granada) en 1957, es Licenciado en Derecho y Ciencias Económicas por la UNED.
Técnico del Cuerpo Superior de Intervención y Contabilidad de la Seguridad Social, por oposición libre, ha desempeñado durante los últimos años diversas funciones en el seno de la Administración Pública y, en la actualidad, es responsable de los servicios jurídicos del sindicato CCOO en Ceuta. Como docente, es profesor asociado de Economía de la Empresa en la Escuela de Ingeniería Técnica de Gestión de Ceuta (Universidad de Granada) y, también, es profesor tutor de Econometría en el centro asociado de la UNED de Ceuta. |
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La Mano Invisible
Ceuta, 18 de agosto de 2008
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América se hace intervencionista
José Aureliano Martín Segura
Hace un año, economistas como Yale Robert Shiller, o el Nobel de Economía Joseph Stiglitz, predijeron que las hipotecas basura o subprime iban a tener consecuencias catastróficas para nuestras economías. Y así está siendo, pero con tal intensidad, que el gobierno norteamericano de Bush parece que ha dejado de ser defensor del liberalismo a ultranza y ha comenzado a extender las competencias de los reguladores oficiales al sector inmobiliario, al capital riesgo y a la banca de inversión. Y es que 'la pela es la pela', como se dice en Cataluña. El prestigioso economista Stiglitz, expulsado de la vicepresidencia del Banco Mundial en el año 2000, por sus opiniones alejadas de la ortodoxia oficial, ha venido denunciando, una y otra vez, a través de artículos de opinión, libros, o conferencias, que las políticas neoliberales habían llevado a países emergentes a graves crisis alimentarias y económicas. Sus teorías están basadas en rechazar lo que él denomina 'fundamentalismo de mercado', así como el principio de que siempre existe una 'mano invisible' que ayuda a regular los mercados. Por el contrario, Stiglitz parte de que los mercados siempre necesitan una regulación del Estado, pues esto impide que se produzcan situaciones como las que se están viviendo en la actualidad. En su libro 'El malestar en la globalización' de 2002, Stiglitz ya advertía del efecto devastador que la globalización podría tener sobre los países más pobres del planeta, al haber sido mal orientado el proceso por el Fondo Monetario Internacional y otras organizaciones internacionales, y haber provocado mayores desigualdades en el sistema comercial mundial. Con una claridad casi profética, decía: 'Es hipócrita pretender ayudar a los países subdesarrollados obligándolos a abrir sus mercados a los bienes de los países industrializados y al mismo tiempo proteger los mercados de éstos porque hace a los ricos más ricos y a los pobres cada vez más pobres....Para convivir debemos cumplir unas reglas equitativas y justas, que atiendan tanto a los pobres como a los poderosos, y reflejen un sentimiento básico de decencia y justicia social'. De la misma forma, en la actualidad se ha podido comprobar que uno de los países en los que el sistema bancario ha salido menos perjudicado por la crisis financiera ha sido España, precisamente por las rígidas normas de control de los préstamos hipotecarios que imponía el Banco de España. Por ello se ha podido evitar que se concedieran préstamos a bajo interés a personas incapaces de afrontar su pago, aunque no que las hipotecas se 'inflaran' artificialmente con productos ajenos a la vivienda. Pero la crisis también nos ha afectado, pues toda esa 'burbuja' especulativa formada en torno a las hipotecas basura, cuando ha estallado, ha traído como consecuencia una escasez de fondos, que nos ha perjudicado especialmente, pues nuestro ahorro interno no es suficiente para cubrir toda la demanda de dinero necesaria. De ahí que seamos un país con una balanza de pagos deficitaria. Pero como dice el refrán, ¡al perro flaco todo se le vuelven pulgas!. Y en nuestro caso, esta crisis financiera, acompañada del agotamiento de nuestro modelo económico (excesivamente basado en la construcción), de la subia de precios del petróleo (dada nuestra alta dependencia energética), y del encarecimiento de las materias primas, está causando un verdadero galimatías en las cuentas públicas y en las estadísticas del paro, del crecimiento económico o de la inflación. Aunque parece que el último en enterarse, como siempre, ha sido nuestro Gobierno. Sin embargo, los americanos, pragmáticos como ellos solos, lo primero que hicieron fue inyectar miles de millones de dólares en el sistema financiero, evitando así la crisis del sistema bancario, para a continuación extender la protección del Estado a los bancos de inversión, a los tenedores de hipotecas y a las grandes corporaciones que compran los bonos hipotecarios, entre ellos, los subprime. Es decir, que cuando se trata de seguir ganando dineros, lo de ser neokeynesianos, o neoliberales, no es más que una cuestión de oportuniad. O lo que es lo mismo, al final, la economía no es una ciencia tan exacta como algunos nos la quieren pintar, sino una disciplina en la que, ante todo, manda la ideología. ¡Y la pela!. Y si no que se lo pregunten a los socialistas catalanes, y a Montilla, que es andaluz, con lo del nuevo sistema de financiación.
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