José Aureliano Martín Segura, nacido en Dílar (Granada) en 1957, es Licenciado en Derecho y Ciencias Económicas por la UNED.
Técnico del Cuerpo Superior de Intervención y Contabilidad de la Seguridad Social, por oposición libre, ha desempeñado durante los últimos años diversas funciones en el seno de la Administración Pública y, en la actualidad, es responsable de los servicios jurídicos del sindicato CCOO en Ceuta. Como docente, es profesor asociado de Economía de la Empresa en la Escuela de Ingeniería Técnica de Gestión de Ceuta (Universidad de Granada) y, también, es profesor tutor de Econometría en el centro asociado de la UNED de Ceuta. |
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La Mano Invisible
Ceuta, 21 de julio de 2008
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Todo es agua
José Aureliano Martín Segura
El pasado domingo visité la Expo de Zaragoza. Casualmente coincidió que era el día de Marruecos. Una anécdota. Acudí al stand de Ceuta, pues cuando se viaja, encontrarse algo, o a alguien, del lugar en el que vives, siempre es gratificante. Parece como si los vínculos con tu tierra y sus gentes se hicieran más fuertes en la distancia. Esperaba algo más, quizás impresionado por la enormidad y la originalidad de la exposición. Pero solo vi fotografías de algunas de las cosas que tenemos. Ninguna proyección para el futuro. Ninguna propuesta nueva. Nada que nos haga atractivos, de forma diferente, a los ojos de un potencial visitante. Aunque quizás sea porque todo lo allí expuesto lo ves todos los días y, por eso, no le das importancia. Espero que así sea. El tema escogido para esta exposición universal ha sido el agua. Elemento vital sin el que sería imposible la vida en nuestro planeta. Como decía Tales de Mileto, todo es agua. La vida es agua. Nosotros mismos somos y comemos agua, pues estamos hechos de ese elemento en un porcentaje del 90% cuando nacemos, para ir disminuyendo hasta el 50% cuando envejecemos. El recorrido por el recinto ha sido tan gratificante como provechoso. Todo un ejemplo de cómo hay que montar una exposición de este tipo y, de paso, convertirla en el marco ideal para aprender a valorar el agua en toda su dimensión. Así he aprendido que solo el 0,3% del agua del planeta está en lagos y ríos, que el 68,9% está en los glaciares, o que el 30,8% es subterránea. Pero también, que está muy mal repartida, pues una de cada tres personas no tiene acceso a agua potable, y cada tres segundos muere en el mundo un niño por enfermedades relacionadas con la falta de agua potable. O que el 24% del agua que se demanda en los países desarrollados lo es para el funcionamiento de la industria. Se calcula que en 2025, si se sigue por el mismo camino, dos de cada tres personas no tendrá acceso al agua potable. Todas las grandes religiones del mundo han considerado al agua como fuente de vida. Como algo que se debía cuidar y compartir. Pero nuestro modelo de desarrollo está llevando al planeta a la desertización. Cada año se pierde un 0,18% de masa forestal. Y sin bosques habrá más inundaciones, y más desastres naturales. Estamos rompiendo el ciclo vital de producción del agua. Estamos recalentando el planeta con las miles de toneladas de productos contaminantes que lanzamos a la atmósfera. Se están derritiendo los glaciares, que es donde está la mayor reserva de agua dulce, y esto está provocando desastres naturales en las zonas en las que habitan las personas más pobres y vulnerables. Una persona necesita, aproximadamente, 20 litros de agua diarios para llevar una vida saludable. Pero por cada camiseta de algodón que nos ponemos se consumen 2.700 litros de agua. Y por cada par de zapatos de cuero, 8.000 litros de agua. Solo con el gasto en agua mineral de un mes en Europa y EEUU, se podría conseguir llegar al objetivo de desarrollo del milenio de reducir a la mitad el número de personas sin acceso al agua en el 2015. Pero también en la exposición han dejado un espacio para la esperanza. Y así, desde los elementos reciclables utilizados, pasando por los ingenios para ahorrar agua y energía, o los mecanismos de solidaridad para llevar agua potable a los lugares más recónditos del planeta, hasta los mensajes y enseñanzas de los grandes pensadores de la humanidad que, estratégicamente situados, te van guiando por los caminos del conocimiento, te hacen llegar a la conclusión de que todavía hay solución. Que el agua, utilizada como fuente de poder puede ser terrible. Pero usada como mecanismo de solidaridad, puede ayudar a hacer un mundo mejor. Que hayan sido los aragoneses los que nos den este ejemplo de cómo se puede y se debe usar el agua para el desarrollo humano es una satisfacción, pues un pueblo en el que se formaron las mejores colectividades que ha conocido la reciente historia de España no podía quedar como una Comunidad insolidaria y mezquina, como nos la han querido pintar aquellos que ahora reclaman el agua para todos, pero que no pusieron ningún cuidado en su desordenado crecimiento económico.
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