José Aureliano Martín Segura, nacido en Dílar (Granada) en 1957, es Licenciado en Derecho y Ciencias Económicas por la UNED.
Técnico del Cuerpo Superior de Intervención y Contabilidad de la Seguridad Social, por oposición libre, ha desempeñado durante los últimos años diversas funciones en el seno de la Administración Pública y, en la actualidad, es responsable de los servicios jurídicos del sindicato CCOO en Ceuta. Como docente, es profesor asociado de Economía de la Empresa en la Escuela de Ingeniería Técnica de Gestión de Ceuta (Universidad de Granada) y, también, es profesor tutor de Econometría en el centro asociado de la UNED de Ceuta. |
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La Mano Invisible
Ceuta, 5 de mayo de 2008
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La UNED y los burócratas
José Aureliano Martín Segura
En el año 1980 me matriculé por primera vez en la UNED para estudiar una carrera universitaria. Desde entonces, unas veces por estudios, y otras por docencia, estoy ligado a dicha Universidad. Para mí es como mi segunda casa. Me ha dado conocimientos, pero también me ha enseñado el valor del esfuerzo. Me ha dado algunos malos ratos. Igualmente, enormes alegrías y satisfacciones. Pero nunca creí yo que me tendría que enfrentar a ella en los Tribunales. La Universidad Nacional de Educación a Distancia se creó en 1972. Tiene competencia en todo el territorio nacional y en la actualidad es una de las de mayor número de alumnos de todo el Estado. Su actividad docente, al ser a distancia, la puede ejercer en cualquier parte de nuestra geografía, además de en el extranjero y en las prisiones. La base de su funcionamiento ha estado en unos textos de alta calidad, adaptados para alumnos que normalmente compatibilizan los estudios con su actividad laboral, en un profesorado que los elabora, resuelve las dudas y evalúa periódicamente a través de exámenes presenciales, y en la red de Centros Asociados, que normalmente son consorcios o corporaciones, en las que participan ayuntamientos, entidades financieras, fundaciones, u otras instituciones. En ellos ejercen su labor presencial los denominados profesores-tutores, que sirven de nexo de unión entre el alumnado y los profesores de la sede central, y son el apoyo imprescindible para completar la magnífica labor docente que se ha ejercido a lo largo de varias décadas. Sin embargo, los tiempos cambian. Hoy día ya se está haciendo imprescindible el uso de las nuevas tecnologías. Por eso, cada vez más alumnos de la UNED participan a través de internet en foros que se han organizado desde la sede central, en los que tienen la oportunidad de compartir con los profesores y con el resto de compañeros, sus experiencias, dudas y avances. Ante ello resulta esencial, nuevamente, la figura del profesor-tutor. Ahora, además de como colaborador, como dique de contención de los Departamentos. Por ello, tras varios experimentos poco exitosos, crearon una nueva figura, el TAR, o tutor de apoyo en red, cuya función era atender los correos, agrupar las preguntas por temas similares, o contestar a determinadas cuestiones ya resueltas. A mí me nombraron TAR de una de mis asignaturas. Sin embargo, pronto vino el desengaño. Tenía más de 600 alumnos. Tuve que contestar más de 400 correos. Entraba en internet varias veces al día para ver y leer las novedades. Pero no podía contestar preguntas de contenido didáctico, como hacía en mi centro asociado. Sólo podía actuar en temas no docentes. ¡Me habían convertido en un profesor-administrativo-tutor!. Trabajé muchas más horas que en las tutorías presenciales, con las que debía de continuar, y por mucho menos dinero. Y además, sin saber de quién dependía, ni quién me tenía que pagar. Y llegó el final de curso. No me pagaron mi trabajo. Las razones, que yo no había hecho el informe de actividad en los días habilitados, virtualmente, al efecto. En él tenías que volcar los datos que ya figuraban en la red respecto a tu actividad. Es decir, tenías que acceder al informe de actividad que aparecía en la página y los datos trasladarlos al otro informe. ¿Para qué?. Nunca lo supe. Desde el día del juicio oral he estado intentando averiguar las razones profundas de este disparate. Sobre todo, aún no he podido entender cómo la UNED ha preferido enviar dos abogados a defenderse de mi demanda, y gastar en este primer pleito mucho más de la pequeña cantidad que me tenía que abonar por mi trabajo. Pero para lo que no tengo explicación es para entender las razones que han llevado a estos insignes profesores a darle más importancia al informe estadístico de actividad que a la actividad en sí misma. Es decir, que también en la Universidad lo más importante es el informe. Lo de menos, lo que se enseñe, o lo que aprendan los alumnos. El informe que no falte. Y yo que creía que estas cosas le pasaban sólo a nuestro Presidente Vivas. Esperpéntico.
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