José Aureliano Martín Segura, nacido en Dílar (Granada) en 1957, es Licenciado en Derecho y Ciencias Económicas por la UNED.
Técnico del Cuerpo Superior de Intervención y Contabilidad de la Seguridad Social, por oposición libre, ha desempeñado durante los últimos años diversas funciones en el seno de la Administración Pública y, en la actualidad, es responsable de los servicios jurídicos del sindicato CCOO en Ceuta. Como docente, es profesor asociado de Economía de la Empresa en la Escuela de Ingeniería Técnica de Gestión de Ceuta (Universidad de Granada) y, también, es profesor tutor de Econometría en el centro asociado de la UNED de Ceuta. |
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La Mano Invisible
Ceuta, 21 de abril de 2008
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Ese hombre mayor que viene a clase
José Aureliano Martín Segura
He vuelto a las aulas de la Universidad. Pero no para dar clase, sino para que me las den a mí. Estoy muy ilusionado. Sobre todo cuando acudo a las clases con mis compañeros. Me coloco en las primeras filas y presto toda la atención que puedo a las explicaciones del profesor. Hace tiempo que no hacía esto. Pero la verdad es que es bastante interesante. Y además te ayuda a mantener la mente despierta y el espíritu crítico. Y sobre todo, cuando estás en esa actividad te mantienes alejado del ajetreo diario, lo cual te sirve para mantener un cierto equilibrio personal entre el trabajo y el ocio. Esta fue una de las reivindicaciones históricas del movimiento obrero. Ocho horas para el trabajo, ocho horas para dormir y ocho horas para la casa y el ocio. Este fue el origen de la Revuelta de Haymarket en Chicago, el 1 de mayo de 1886, que terminó con la ejecución de un grupo de sindicalistas anarquistas, los Mártires de Chicago, y que dio origen a la fiesta del 1º de Mayo, Día Internacional del Trabajo. Desde que en 1889 la Segunda Internacional declaró este día como jornada de lucha y de homenaje a los obreros asesinados, se viene celebrando en el mundo entero, a pesar de los intentos de suprimirla por parte de los gobiernos, las patronales, y ahora también, de algunos 'ilustrados' sindicalistas. En Ceuta, este año se volverá a celebrar la manifestación del 1º de mayo, a pesar del enorme puente que tendremos. Desde hace bastante tiempo he procurado ocupar mi tiempo libre en distintas actividades. De esta forma, la formación aplicada al trabajo y la experiencia laboral trasladada a la actividad docente e investigadora, me han dado enormes satisfacciones. Y con esa misma ilusión he acogido esta nueva actividad en la que algunos de mis profesores no son mayores que mis hijos, y muchos de mis compañeros de clase son menores que estos. Mi sorpresa vino cuando días atrás uno de mis colegas me reenvió un correo de otro alumno, en el que me adjuntaban los apuntes del profesor. En el texto del primero se decía que le había enviado los temas a casi todos los demás, menos a 'ese hombre mayor que viene a clase', razón por la cual se los remitía para que él, que conocía mi dirección, me los enviara. Mi primera reacción fue de enfado. Después comencé a hacerme preguntas trascendentales del tipo: ¿tan mayor soy?. A continuación comencé a deprimirme y a preguntarme que quién me habría mandado a mí meterme en esto. Después me miré al espejo para asegurarme de que no era un hombre mayor. Y la verdad, yo no me vi nada mal. Si acaso con unas cuantas canas más y con unos pocos pelos menos. Y también con algo de barriga, a pesar de que procuro mantenerla a raya con mis paseos diarios. La cuestión es que el asunto me ha dado qué pensar desde entonces. Por ello decidí recurrir a los clásicos. Esopo, en su fábula de los años del hombre, en el Siglo I a.c., nos decía que cuando Zeus inspiró vida al hombre, le dio una existencia corta, pero que éste con su inteligencia, se construyó una morada para el invierno. Y cuando el frío se hizo intenso, el caballo, no pudiendo resistir, le pidió que le diera cobijo. Y lo hizo, pero a cambio de algunos de sus años. Lo mismo ocurrió con el buey y con el perro. Por ello, hasta que los hombres llegan al tiempo que les marcó Zeus, son puros y buenos; cuando llegan a los años del caballo, son fanfarrones y altaneros; llegados a los años del buey, son lentos y cuando cumplen la edad del perro, se hacen irascibles y gruñones. Y esto es lo que me ha devuelto la alegría y la ilusión, pues si como dice la ciencia, hoy día el hombre tiene un plus de 40 o 50 años para conquistar la felicidad, entonces yo calculo que aún estoy en la edad que me marcó Zeus y, por tanto, ni soy gruñón, ni lento, ni fanfarrón, sino que aún me mantengo en la pura juventud. Aunque mis compañeros de clase no se lo crean.
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