José Aureliano Martín Segura, nacido en Dílar (Granada) en 1957, es Licenciado en Derecho y Ciencias Económicas por la UNED.
Técnico del Cuerpo Superior de Intervención y Contabilidad de la Seguridad Social, por oposición libre, ha desempeñado durante los últimos años diversas funciones en el seno de la Administración Pública y, en la actualidad, es responsable de los servicios jurídicos del sindicato CCOO en Ceuta. Como docente, es profesor asociado de Economía de la Empresa en la Escuela de Ingeniería Técnica de Gestión de Ceuta (Universidad de Granada) y, también, es profesor tutor de Econometría en el centro asociado de la UNED de Ceuta. |
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La Mano Invisible
Ceuta, 31 de marzo de 2008
BLOGS
Los políticos del 'Chikilicuatre'
José Aureliano Martín Segura
Nuestro Delegado del Gobierno en Ceuta se dejó caer, en una de sus últimas comparecencias, con una clase magistral de economía aplicada. Nos explicaba, a propósito de la abusiva subida de precios de los billetes de barco en la línea del Estrecho de Gibraltar durante la Semana Santa, cómo los Gobiernos no pueden hacer nada frente a la competencia ¿perfecta? de las compañías privadas que actúan en servicios públicos liberalizados. A lo más que se puede llegar, nos decía, como si de un viejo profesor de economía se tratara, es a responderles no viajando. Dicho así, nuestro magnífico representante del Gobierno central lo único que ha hecho es explicarnos la vieja teoría económica liberal de Adam Smith sobre la oferta y la demanda, que tantos de su partido adoran, pero con palabras muy sencillas y populares. Una cosa así como aquello del "caldito" de la ministra en la crisis de las vacas locas. Si suben los precios, dejamos de viajar y, de esta forma, al disminuir la demanda, nuevamente bajarán los precios. Esto es, según Adam Smith, como si una "mano invisible" actuara sobre el mercado y nos condujera nuevamente al equilibrio. Pero a estos liberales de nuevo cuño se les olvida un pequeño detalle. Que hay productos que no podemos dejar de comprar, aunque nos suban los precios. Los políticos locales tampoco se han quedado atrás en el esperpento. Incluso han tenido un Pleno de urgencia para debatir el tema y proclamar formalmente la "maldad" de las compañías navieras. Hasta el señor Vivas ha salido a decir que está muy disgustado con su comportamiento. Toda una declaración de intenciones y un aviso "serio" a las navieras, que ya saben que de ahora en adelante, como no se porten bien, Pleno de urgencia y declaración institucional. Es decir, como el que ve llover, pues las navieras saben que somos un mercado cautivo y, además, huérfano de protección institucional. Hace unos meses explicaba en estas páginas que la teoría económica ya estudió el problema de los bienes públicos que no son susceptibles de privatizarse, que no pueden someterse sin más a las reglas del mercado, y que deben ser intervenidos para garantizar el servicio público y los derechos de los ciudadanos. Este sería el caso de los viajes en barco de Ceuta, única forma de comunicación con la Península. Pero además, es que la Constitución española lo prevé y lo ampara, pues aunque se proclama el derecho a la propiedad privada, también se establece su función social. Por esta razón, por ejemplo, existe el derecho laboral, y se somete a autorización administrativa un cierre patronal, o una actividad económica. Para garantizar esta función social superior. Ahí está la función controladora del Estado que, en el caso de Ceuta, ha olvidado. Primero porque la vía marítima es la única vía de comunicación hacia la Península. Segundo, porque muchos de los viajes que se hacen son por necesidad, no por placer. Tercero, porque aunque se hicieran por turismo, también estaría bien favorecerlo, dada la precaria situación económica local. Cuarto, porque existe una legislación antimonopolio, precisamente para preservar la libre competencia, que prohíbe acuerdos de precios entre compañías dominantes del mercado, como, de hecho, ha ocurrido en estas vacaciones. Y quinto, porque la línea del Estrecho es de interés público, como lo son las carreteras, los ferrocarriles, o la líneas aéreas, y ha sido concedida a una Compañía privada, antes pública, bajo unas determinadas condiciones de precios, de número de rotaciones, o de buques disponibles. Estas medidas intervencionistas son las que deben practicar las autoridades y dejarse de bonitas y absurdas declaraciones. El problema es que, por desgracia, algunos políticos no son auténticos gestores públicos, sino pura fachada y apariencia, aunque reflejo de la propia sociedad acomodada y conformista a la que representan. Quizás ha sido esto lo que nos ha querido explicar Rodolfo Chikilicuatre, que con su broma genial y su guitarra de plástico, ha conseguido demostrar que ya, ni para cantar se necesita ser cantante. Solo hay que ser un artista. Como para ser político profesional.
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