José Aureliano Martín Segura, nacido en Dílar (Granada) en 1957, es Licenciado en Derecho y Ciencias Económicas por la UNED.

Técnico del Cuerpo Superior de Intervención y Contabilidad de la Seguridad Social, por oposición libre, ha desempeñado durante los últimos años diversas funciones en el seno de la Administración Pública y, en la actualidad, es responsable de los servicios jurídicos del sindicato CCOO en Ceuta.

Como docente, es profesor asociado de Economía de la Empresa en la Escuela de Ingeniería Técnica de Gestión de Ceuta (Universidad de Granada) y, también, es profesor tutor de Econometría en el centro asociado de la UNED de Ceuta.








La Mano Invisible
Ceuta, 14 de enero de 2008
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El mercado de la Boquería
José Aureliano Martín Segura

Ya ha comenzado el espectáculo en el Auditorio diseñado por Álvaro Siza. El pasado jueves el gobierno local de Ceuta llevó de excursión a los concesionarios de los puestos del actual mercado de abastos, para que vieran las magníficas instalaciones con las que van a contar en la Manzana del Revellín los afortunados que obtengan una nueva concesión. Estuvieron casi todos. Faltó nuestro Presidente, con sus asesores; el Vicepresidente, defensor de los pobres, con los suyos; y la banda municipal de música. Una pena, pues así, además, hubieran probado las condiciones de audición del nuevo recinto. Y es que el asunto se lo merecía.

Según nos dicen nuestros regidores locales, ubicando el mercado de abastos en el complejo diseñado por el arquitecto portugués, nos pareceremos a ciudades como Valencia, Cádiz, o Barcelona. De esta forma, argumenta el Vicepresidente, acercaremos la cultura a los pobres. Claro, por el estómago, que es por donde siempre entendió la cultura la derechona de nuestro país. Lo que no nos dicen es que también pagaremos el 'pelotazo' que dio origen a lo que lleva camino de convertirse en los nuevos '25 años de paz' de nuestro actual régimen caudillista de Ceuta. Pero, ¿qué son 10.000 millones de las antiguas pesetas, o 25 millones de alquiler mensual, comparados con la inmensa tranquilidad política de la que disfrutamos, gracias a la acción de un tránsfuga?. Para muchos nada. Sobre todo para los estómagos agradecidos. Para otros, uno de los peajes que hay que pagar en una sociedad en la que casi todo se compra y se vende por dinero. Desafortunadamente, cada vez queda menos espacio para los principios.

Yo no conozco esos maravillosos mercados de abastos de Cádiz, o de Valencia. Pero sí he visitado el emblemático mercado de la Boquería en Barcelona. Según dicen, es el más grande de Europa. Está situado en las Ramblas, cerca del teatro del Liceo, y se ha convertido actualmente en uno de los símbolos de la ciudad. Se construyó en una estructura de hierro en el año 1914, habiéndose restaurado hace poco. Aparte de su magnífica vidriera y medallón de la entrada, sus puestos de productos frescos son todo un espectáculo de colores, gente y movimiento. Es un lugar de paso obligado, que yo aconsejo a todos los se acerquen a esta ciudad cosmopolita. Pero este mercado es una obra de arte en sí mismo. Por casi todo. Y además está situado cerca de los principales centros culturales e históricos de la ciudad, no mezclado con ellos. De esta forma, cada uno conserva su propia identidad.

La verdad es que no sé cómo va a cuadrar un mercado de abastos en la manzana del Revellín. Y mucho menos cómo va a consentir el afamado arquitecto, galardonado, entre otros, con el prestigioso premio Pritzker de arquitectura, que alrededor de su obra, diseñada para el arte y la cultura, se ubiquen puestos de pescado, carne, huevos, o productos congelados. Porque, una cosa es utilizar un edificio histórico para un mercado, o incluso hacer un mercado modernista, y otra muy distinta intentar meter, casi con calzador, un mercado en un lugar en el que no se había previsto algo similar. A lo mejor resulta que al final sirve para que seamos el hazmerreír del mundo entero.

Lo que sí se había previsto para compartir con la obra de Álvaro Siza era un enorme centro comercial, para enriquecer a unos cuantos, y para privar a la ciudadanía de un espacio público necesario. Pero, afortunadamente, la Justicia, en ésta ocasión, ha funcionado. Y lo ha hecho poniéndose de parte de los ciudadanos, no de los que quieren vivir a costa de éstos. Y lo volverá a hacer, si los actuales gobernantes, basándose en informes millonarios de afamados despachos de abogados, y en inconfesables intereses, se empecinan en violentar nuevamente el espíritu y la letra de la ley y, por tanto, de la resolución judicial.

¿Acaso no hay otros lugares emblemáticos en nuestra histórica ciudad, capaces de albergar un mercado original y moderno, que además sea representativo de nuestra identidad cultural?. Por supuesto que los hay. Y además, no muy lejos del lugar de la polémica. Pero claro, en Ceuta sí se paga a los traidores. ¿Será por razones de Estado?.

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