José Aureliano Martín Segura, nacido en Dílar (Granada) en 1957, es Licenciado en Derecho y Ciencias Económicas por la UNED.

Técnico del Cuerpo Superior de Intervención y Contabilidad de la Seguridad Social, por oposición libre, ha desempeñado durante los últimos años diversas funciones en el seno de la Administración Pública y, en la actualidad, es responsable de los servicios jurídicos del sindicato CCOO en Ceuta.

Como docente, es profesor asociado de Economía de la Empresa en la Escuela de Ingeniería Técnica de Gestión de Ceuta (Universidad de Granada) y, también, es profesor tutor de Econometría en el centro asociado de la UNED de Ceuta.








La Mano Invisible
Ceuta, 24 de diciembre de 2007
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El llanto de un niño
José Aureliano Martín Segura
El pasado viernes se celebraron en Ceuta unas jornadas sobre inserción laboral dirigidas a profesionales, mediadores laborales y desempleados en general. Fundamentalmente iban orientadas a las jóvenes ceutíes en edad laboral. Las organizaba la sociedad municipal de fomento y desarrollo local de Ceuta, PROCESA, a través del programa 'reinserta 2', y las patrocinaba el Fondo Social Europeo y la Ciudad Autónoma. Ha sido una pena que las inclemencias del tiempo, la fiesta del cordero y la proximidad de las fiestas navideñas, hayan arruinado unas jornadas tan importantes para una ciudad que ocupa el primer puesto en el ranking de desempleados a nivel nacional. Ni las jóvenes paradas ceutíes, ni la calidad de los conferenciantes, se merecían este fiasco, quizás debido a un error de planificación, ayudado por una necesidad presupuestaria de final de ejercicio. Esperemos que la próxima vez no se malgaste el dinero de esta forma tan inútil.

Sin embargo, entre los conferenciantes se encontraba una 'estrella'. Se trataba del famoso Magistrado del Juzgado de Menores de Granada, Emilio Calatayud. Como era de esperar, su conferencia fue todo un éxito, tanto en presencia de público, como en contenido expositivo. No en vano, sus sentencias, verdaderamente innovadoras e imaginativas, han dado la vuelta el mundo. No sólo por lo insólito de las penas que aplica a los menores delincuentes, como aprender a leer para poder salir del centro de internamiento, o presenciar las intervenciones quirúrgicas de los accidentes de tráfico a los que roban vehículos y los conducen sin permiso, o ayudar a envolver juguetes para enviar a los más necesitados a los que roban a sus compañeros; sino por los resultados que obtiene en la inserción y reinserción de estos pequeños delincuentes, algunos de los cuales cometen delitos más espeluznantes y atroces que los mayores de los que aprenden.  

De toda su exposición, lo que más me impresionó, a mí y a algún amigo allí presente, fue el relato de la vida de los menores delincuentes en los centros de internamiento. En estos centros se recluye a los más peligrosos. Violadores, asesinos, ladrones, maltratadores. La dureza de la vida en los mismos está fuera de toda duda. Su férrea disciplina, el régimen de trabajo, de estudio, de terapias, de salidas. Todo está enfocado a conseguir que el delincuente se dé cuenta de su error, a que pague por lo que hizo y, fundamentalmente, a que se le aplique un tratamiento adecuado para poder ser insertado, o reinsertado, según los casos. A las diez de la noche las puertas se cierran. Las luces se apagan. Y en el silencio del sueño no se oyen voces, ni risas. Sólo se oyen 'llantos de niño'. Porque esos delincuentes son niños. Violadores, asesinos, ladrones o maltratadores, pero sobre todo niños, como nos decía el Magistrado, que casi siempre arrastran algún problema familiar grave. Niños necesitados de ayuda para poder ser insertados en la sociedad.

Al margen de algunas 'salidas de tono' impropias de un Magistrado de esta calidad humana e intelectual, como cuando añoraba, en parte, nuestro pasado autoritario, su conferencia fue toda una lección de los pasos que hay que dar para insertar y reinsertar a los menores en la sociedad, no sólo a los delincuentes. Para él, la clave está en la educación, en la formación y en el trabajo. También en saber descubrir las habilidades y las potencialidades de cada joven, o en ser imaginativo a la hora de proponer y buscar los yacimientos de empleo de cada zona.

Yo estoy de acuerdo con la mayoría de mensajes de este buen Juez. Y muchos de los allí presentes, creo que también. Y sobre todo, lo que más claro me quedó fue que la responsabilidad de la educación de nuestros hijos la tenemos todos, comenzando en la familia, continuando en la escuela y terminando en la sociedad. Comprender esto es la verdadera garantía de futuro.

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