José Aureliano Martín Segura, nacido en Dílar (Granada) en 1957, es Licenciado en Derecho y Ciencias Económicas por la UNED.

Técnico del Cuerpo Superior de Intervención y Contabilidad de la Seguridad Social, por oposición libre, ha desempeñado durante los últimos años diversas funciones en el seno de la Administración Pública y, en la actualidad, es responsable de los servicios jurídicos del sindicato CCOO en Ceuta.

Como docente, es profesor asociado de Economía de la Empresa en la Escuela de Ingeniería Técnica de Gestión de Ceuta (Universidad de Granada) y, también, es profesor tutor de Econometría en el centro asociado de la UNED de Ceuta.








La Mano Invisible
Ceuta, 31 de diciembre de 2007
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Aferrada al cargo
José Aureliano Martín Segura

Ha ocurrido el día 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes. Nuestra ministra Magdalena Álvarez vuelve a hacer de las suyas. Ahora se trata de los trenes de alta velocidad, que han resultado no ser tan veloces, de Madrid a Valladolid y de Madrid a Málaga. También en estas líneas hay incontables fallos que les hacen circular sin la rapidez que debieran. En esta ocasión, nos dice, la culpa es de la empresa Siemens, es decir, de sus técnicos, que al parecer no han previsto el sistema operativo capaz de traducir el lenguaje de control de líneas que tienen estos trenes de última generación, el ERTMS, al que tenía el AVE Madrid Sevilla, el LZB. Aunque también podría haberle echado la culpa a Felipe González, o a Alfonso Guerra, que fueron los que se empeñaron en llevar la Alta Velocidad a Sevilla con ese sistema de control, el LZB, tan obsoleto ahora. Sólo nos faltaba por escuchar esto. Y para colmo en el día de los inocentes.

No sé qué pócima misteriosa tiene el poder. Pero el que lo prueba, sobre todo en España, es difícil que quiera dejarlo. Y si lo deja, tiene que estar continuamente en la prensa llamando la atención y recordando lo magnífico que era y es. Y si no, fíjense en Bono, no en el cantante, o en Aznar, o en González, o en Rodríguez Ibarra, o en Chávez, no el de Venezuela, que también, sino en el de Andalucía, aunque nació en Ceuta.

Los viejos anarquistas decían, y dicen, que el poder corrompe. Por eso muchos de ellos se resistían a ocupar cargos públicos. También los sabios, los artistas, los filósofos, o algunos escritores, se niegan a comprometer su libertad con las ataduras del poder. Pero Magdalena, nuestra reprobada ministra, no piensa de la misma forma. Es más, cree que todos, menos ella, están equivocados. Igual que aquél padre que comentaba lo listo que era su hijo por llevar el paso cambiado en el desfile de su jura de bandera, ya que, según él, todos los demás lo llevaban equivocado.

Pero no es la primera vez. Ya en Andalucía, ni se sabe cuántos años hace, siendo Consejera de Economía, lió las cuentas públicas de tal manera que aún siguen sin estar cuadradas. Y si no que le pregunten a los de la Cámara de Cuentas por las 'eternas' deudas del Servicio Andaluz de Salud, consecuencia de la desastrosa gestión presupuestaria del Departamento de doña Magdalena, o por el peculiar sistema de 'descontrol' contable diseñado, o por la ruinosa dotación presupuestaria a los hospitales públicos, que sólo servía para generar más y más deuda. Pero, también entonces, siempre había un Gerente al que cesar, o un técnico al que culpar, o un político al que insultar. Y al día siguiente, Magdalena aparecía en la feria de Sevilla, o en la de Málaga, vestida con traje de gitana, con peineta y abanico, y diciendo tonterías. Y alrededor de ella, los 'palmeros', los 'estómagos agradecidos', los 'pillos' de siempre. Ahora aparece con un ridículo casco en las obras que inaugura a toda prisa, y en  un acto de cinismo absoluto, se permite incluso compararse con Indalecio Prieto o con las más combativas feministas de la historia, para defenderse de los ataques a su desastrosa gestión. Patético.

Si el Partido Socialista, con tantos años de historia a sus espaldas, quiere ser el referente español de una izquierda culta, progresista y ética, debe desprenderse, cuanto antes, de éste tipo de políticos inmorales, e indignos, representantes de la fanfarria y la pandereta, del jolgorio y del despilfarro, de la España de la fiesta y la incultura. De lo contrario, estará condenado a la indefinición y al escándalo permanente. Y a que sus mejores militantes se aparten de la vida pública. Y ello, aunque vuelva a ganar las elecciones.

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