José Aureliano Martín Segura, nacido en Dílar (Granada) en 1957, es Licenciado en Derecho y Ciencias Económicas por la UNED.
Técnico del Cuerpo Superior de Intervención y Contabilidad de la Seguridad Social, por oposición libre, ha desempeñado durante los últimos años diversas funciones en el seno de la Administración Pública y, en la actualidad, es responsable de los servicios jurídicos del sindicato CCOO en Ceuta. Como docente, es profesor asociado de Economía de la Empresa en la Escuela de Ingeniería Técnica de Gestión de Ceuta (Universidad de Granada) y, también, es profesor tutor de Econometría en el centro asociado de la UNED de Ceuta. |
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La Mano Invisible
Ceuta, 16 de abril de 2007
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El mensaje de Garzón
José Aureliano Martín Segura
El mismo día de los terribles atentados con coche bomba de Argelia, y a pocos días de que el gobierno marroquí informara de la inmolación de los supuestos terroristas suicidas de Al Qaeda en Casablanca, el Juez Garzón, ahora también periodista de investigación, ha vuelto a colocar a Ceuta y Melilla como objetivos terroristas inminentes de los integristas islámicos. ¿Dar esta información es una imprudencia?, ¿se va a reforzar con esto nuestra seguridad?, ¿aporta algo nuevo a lo que ya se sabía?. Conocí a Garzón en un homenaje que le dio el Foro de Ermua en Vitoria, por su trayectoria en la lucha contra el terrorismo de ETA. Éramos unos cuantos cientos de personas, pero yo quise estar presente porque me parecía que era un premio merecido, pues su coraje en la pelea contra el entramado de dicha organización había resultado esencial para sacarles del sitio en el que más quieren estar, y que es de donde le viene su fuerza más importante, a saber, el corazón de las instituciones democráticas, sobre todo de las más cercanas a los ciudadanos, los Ayuntamientos. Pero el Juez Garzón no necesita presentación. Su tarjeta se la hace él mismo. Ahora, además de a viajar a estudiar a Estados Unidos, se dedica a hacer periodismo de investigación y a recordarnos las barbaridades cometidas por los militares argentinos en programas de televisión, a defender a los indios mapuches en sus demandas territoriales, o a promocionar su carrera al premio Nobel de la paz. Cuando sus famosos procesos a las mafias de la droga, o a los políticos y policías corruptos de los GAL, un amigo mío abogado me decía que algún día se sabría quién era realmente Garzón. También me hablaba de los múltiples defectos de sus instrucciones y de los errores jurídicos que cometía. Pero lo cierto es que los capos de la mafia acababan en la cárcel, al igual que los terroristas de ETA, y que al entramado de la banda, y a algunos de sus medios de financiación se les pudo poner algo de coto gracias a estas instrucciones. Actualmente, cuando no tiene los casos de la relevancia mediática de entonces, el hombre se dedica a dar conferencias, a echar algún que otro “capote” al poder político actual en lo de su “proceso”, por aquello de hacer el bien sin mirar a quién, a recordarnos la necesidad de recuperar la memoria histórica y a decirnos que en el 11-M no intervino ETA, que sólo fue obra de islamistas fanáticos. Y claro, cuando se produce algún atentado importante, debe informar a la opinión pública de los planes de los islamistas, esos a los que él ha investigado tan profundamente, y de los que ha extraído sus planes de actuación inmediata en Europa, y principalmente en España, concretamente en las ciudades de Ceuta y Melilla. Sobre éste último asunto ya hubo otro personaje político en Ceuta, Delegado del Gobierno para más señas, que avisó al Gobierno de la nación, entonces del Partido Popular, con un extenso informe, según declaró él mismo, de los terribles planes que los integristas islámicos tenían para Al-Andalus y de la cantidad de células que se habían formado en nuestra ciudad. La verdad es que es gratificante ver cómo estos servidores públicos se desvelan por nuestra seguridad. Lo que yo no se, y esto me preocupa, es si los que de verdad deben de velar por esta seguridad, es decir, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, están sobre la pista de los radicales, porque si no es así, entonces, a la luz de lo que nos informa la prensa, deberíamos salir corriendo. Pero además, y aquí sí que me entran sudores fríos, si de verdad existen todas estas terribles amenazas, ¿no sería mejor ser discreto, dar la información a los profesionales de la seguridad, y no alertar a los supuestos terroristas de que conocemos sus planes?. En todo esto hay algo que no acabo de entender. Hace unos meses, a policías de la Comisaría Central de información se les acusó de haber avisado a un comando de ETA de que iban a ser detenidos. Más adelante, un fiscal dice que no hay razones para procesar a Otegui. Ahora, todo un Juez de la fama de Garzón, que además ha dirigido una de las últimas operaciones contra alguna de estas células terroristas en Ceuta, lanza este mensaje preocupante. Y simultáneamente, el Secretario de organización del Partido Socialista, vuelve a acusar al Partido Popular de haber mentido durante los días del 11-M, ahora que se acercan otras elecciones. Mientras tanto, el presidente del Gobierno sigue sin explicar qué pasa con su “proceso”, si sigue o no adelante, si va a permitir o no a ETA presentarse a las elecciones, o por qué prefiere a una empresa pública italiana, frente a una alemana, para que controle el sector eléctrico español. Nos habla de medio ambiente. El mensaje es claro. El Partido Popular mentía. El Partido Socialista no lo hace. La causa de la masacre del 11-M fue nuestra participación en la guerra de Irak, y por ello hay que procesar a los responsables políticos de entonces. Sin embargo, nadie nos explica por qué ahora continúa la amenaza integristas. El presidente del Gobierno no nos informa del fracaso de las conversaciones con ETA. Pero el Juez Garzón, que debe callar en asuntos tan graves como estos, nos alarma con sus investigaciones. Muchos funcionarios y vecinos de Ceuta pensarán: ¿qué hago yo en una ciudad como esta?. Y muchos ciudadanos del resto de España se preguntarán: ¿no sería mejor dejarle Ceuta y Melilla a Marruecos, y que ellos se las entiendan con los inmigrantes y con los integristas?. Ahora sólo faltaría que el Rey de Marruecos nos volviera a recordar lo de la “célula de reflexión”, y que alguien, por ejemplo, algún asesor o algún medio de prensa, le insinuara a nuestro Presidente que si se puede hablar de independencia con un grupo terrorista, y de compartir un aeropuerto con una colonia como Gibraltar, cómo no se va a poder hablar de Ceuta y Melilla con un país democrático y amigo, y en el que se libra una dura e importante batalla de contención del extremismo islámico en su cruzada contra occidente, sobre todo ahora que el asunto del Sahara está prácticamente solucionado. Y esto sí que sería para preocuparse.
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