José Aureliano Martín Segura, nacido en Dílar (Granada) en 1957, es Licenciado en Derecho y Ciencias Económicas por la UNED.

Técnico del Cuerpo Superior de Intervención y Contabilidad de la Seguridad Social, por oposición libre, ha desempeñado durante los últimos años diversas funciones en el seno de la Administración Pública y, en la actualidad, es responsable de los servicios jurídicos del sindicato CCOO en Ceuta.

Como docente, es profesor asociado de Economía de la Empresa en la Escuela de Ingeniería Técnica de Gestión de Ceuta (Universidad de Granada) y, también, es profesor tutor de Econometría en el centro asociado de la UNED de Ceuta.








La Mano Invisible
Ceuta, 2 de abril de 2007
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Cubismo político
José Aureliano Martín Segura

No me refiero a lo que ocurre en Cuba, ni a su régimen político, aunque también podría ser, sino a lo que últimamente se hace en la política española.  Sería algo así como pretender explicar la realidad, pero en un lenguaje que nadie entiende, o querer mostrar lo que se ve, pero también lo que no se ve. Me explico.

El cubismo fue un movimiento artístico que tuvo lugar entre 1907 y 1914, teniendo como principales fundadores a Pablo Picasso, Georges Braque y Juan Gris, aunque se acepta que comienza en 1907, fecha de “Las señoritas de la calle Avinyó”, de Picasso. Trataba las formas de la naturaleza por medio de figuras geométricas, representando todas las partes de un objeto en un mismo plano, rompiendo así con el último estatuto renacentista vigente a principios del siglo XX, la perspectiva. De esta forma, la representación del mundo pasaba a no tener ningún compromiso con la apariencia real de las cosas.

En lenguaje más sencillo, el cubismo surgió cuando a alguien se le ocurrió la idea de poder representar en un mismo plano, por ejemplo, la cara de una persona y la parte de atrás de la cabeza que no se ve, pero en formas cúbicas. Es decir, algo así como representar las seis caras de un cubo en un mismo plano. Pero claro, esto, que dicho así parece sencillo, cuando se traslada a un cuadro se complica, pues salvo para el artista que lo pinta, o para algún que otro especialista, lo que es para el resto de los mortales, siquiera vislumbrar, o al menos poder descifrar, o intuir, alguna de las partes ocultas de las imágenes que se intentan representar resulta algo casi imposible, salvo que te lo expliquen.

Por ejemplo, intentemos construir un cuadro con el famoso proceso de paz de Zapatero. Resulta que según nuestro Presidente, el proceso está parado, pero continúa. Se está verificando, pero estamos en alerta máxima ante un inminente atentado. No se han hecho concesiones a los terroristas, pero se les atenúa la prisión a algunos y se retiran los cargos a otros del entorno. No se ha negociado nada, pues se hará lo que el pueblo quiera, pero esto es lo que piden ellos. Se comete un tremendo atentado con dos víctimas mortales, pero no se quería causar víctimas. Quieren entrar en las instituciones, pues es de donde realmente les viene la fuerza, pero sin renunciar a la violencia. A esto ellos le llaman proceso “democrático”, lo demás es fascismo. El Presidente intenta conseguir la paz, pero también aislar al principal partido de la oposición. Se quiere honrar a las víctimas, pero las que no aceptan los postulados de Zapatero están manipuladas por la derecha, aunque sean de izquierdas.

Veamos ahora qué pasa con la anexión de Navarra al País Vasco. Los socialistas navarros se comprometen a firmar por escrito que nunca pactará con los nacionalistas, pero sólo si el gobierno navarro desconvoca la manifestación. El gobierno navarro es irresponsable por convocar una manifestación para defender Navarra, pero no lo son los que a la misma hora y casi por el mismo itinerario convocan una contramanifestación. No quieren nada con los abertzales, pero pactan los Ayuntamientos más importantes de la Comunidad Foral. Dicen que Navarra hará lo que los navarros quieran, aunque esto ya lo dice la Disposición Transitoria Cuarta de la Constitución, pero no nos explican lo que harán si ellos logran formar gobierno con los nacionalistas en Navarra, ni que en el proyecto de Ibarretxe, que se podría recuperar si se pactara un gobierno de coalición en el País Vasco, se preveía que esta integración pudiera producirse sin necesidad de referéndum.

En el juicio por la matanza del 11 M ocurre algo similar. La matanza fue la consecuencia de la guerra de Irak, según algunos de la izquierda, pero se intenta borrar todo aquello que pueda evidenciar conexiones con el terrorismo vasco. El partido en el poder cuando el atentado mintió, según algunos, pero el actual no lo hace intentando ocultar todo aquello que pueda suponer cuestionar la tesis islamista. El anterior Director de la Policía es un mentiroso porque intenta proteger al policía que le informó de la existencia de otros informes, pero el actual Ministro del Interior no, aunque todavía no nos ha dicho qué policías le informaron de que el gobierno de entonces mentía. A los abertzales vascos no se les debe creer cuando afirman que el Gobierno ha firmado acuerdos con ETA, pero sí cuando dijeron que el atentado de Madrid estuvo cometido sólo por islamistas.

Y lo último, la acusación de “guerracivilismo” al partido de la oposición hecha por el magnate de la comunicación Polanco, y corroborada por su fiel amigo González. Esto no es grave para algunos sectores, pero si es importante y antidemocrático que el Partido ofendido haya dicho que no piensa acudir a las convocatorias del grupo Prisa. Zapatero hace una ley de la memoria histórica, que intenta desenterrar odios y venganzas, pero esto era necesario. La oposición actual se manifiesta en la calle, entonces es “guerracivilismo” y radicalismo.  La oposición de entonces promovió concentraciones masivas en las sedes del partido en el poder en la jornada de reflexión preelectoral, pero entonces era porque nos merecíamos un Gobierno que no mintiera.  Un integrante del Foro de Ermua es agredido por un radical nacionalista vasco, pero la culpa la tiene él por ir a provocar a los pacíficos gudaris.

Si todas estas verdades y contraverdades, así como otras referidas al federalismo asimétrico, las viviendas de los jóvenes, o a nuestro desarrollo económico, pero sin investigación ni desarrollo, por citar algunos ejemplos más, las ponemos en un cuadro, estaremos pintando la realidad política de nuestro país, y habremos reflejado en un solo plano todas las caras de un mismo cubo. El problema estará en entenderlo, pero para eso ya están los artistas.

Por eso Picasso, adelantándose a su tiempo y, quién sabe si refiriéndose también a la política, definió a la pintura como: “una mentira que dice la verdad”. ¿Acaso no será la política también una gran mentira que no hace más que reflejar la verdad de nuestra propia miseria y mezquindad?.

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