José Aureliano Martín Segura, nacido en Dílar (Granada) en 1957, es Licenciado en Derecho y Ciencias Económicas por la UNED.

Técnico del Cuerpo Superior de Intervención y Contabilidad de la Seguridad Social, por oposición libre, ha desempeñado durante los últimos años diversas funciones en el seno de la Administración Pública y, en la actualidad, es responsable de los servicios jurídicos del sindicato CCOO en Ceuta.

Como docente, es profesor asociado de Economía de la Empresa en la Escuela de Ingeniería Técnica de Gestión de Ceuta (Universidad de Granada) y, también, es profesor tutor de Econometría en el centro asociado de la UNED de Ceuta.








La Mano Invisible
Ceuta, 26 de febrero de 2007
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La política de precios de las navieras del Estrecho
José Aureliano Martín Segura

Que las compañías navieras practican con Ceuta una política oligopolista en sus precios y en el trato de los clientes, es algo conocido y sufrido por la mayor parte de los ceutíes y, también, por aquellos pocos que alguna vez han intentado acercarse a conocer nuestra ciudad, a hacer algo de turismo, o por asuntos de negocios. Que la línea del Estrecho es la más cara y rentable del mundo, también se sabe. Que el trato que se dispensa a los habitantes de esta ciudad es humillante, e impropio de un país civilizado, es algo que se produce con frecuencia y que se consiente por las Autoridades competentes.

El asunto es que los malos servicios, la falta de medios para casos de temporales fuertes, la supresión de la intercambiabilidad de billetes, los precios abusivos, y otras cuestiones que sería prolijo citar, se han convertido en algo habitual, en una triste realidad a la que asistimos, desde hace bastante tiempo, con resignación y rabia, los habitantes de esta ciudad.

La causa de este trato es que somos una clientela cautiva, que no tenemos más remedio que usar los servicios que nos ofrecen, al precio que sea, y en las condiciones que quieran. Este es el verdadero poder de las navieras, de todas las navieras que operan en la línea del Estrecho. Y mientras tanto, a pesar del enorme interés público y estratégico de esta línea de comunicación, el Estado se inhibe, con la excusa de la “competencia” del mercado, pero posiblemente ocultando inconfesables pactos e intereses. Bueno, se inhibe para casi todos, pues a determinado Estamento se les subvenciona generosamente el billete hasta que el mismo queda en precios irrisorios.

La teoría económica ya estudió hace tiempo el problema de los bienes públicos que no son susceptibles de privatizar, que no pueden someterse sin más a las reglas del mercado, y que deben ser intervenidos para garantizar el servicio público y los derechos de los ciudadanos. Este sería el caso de los viajes en barco de Ceuta, única forma de comunicación con la Península, salvo la pequeña anécdota que supone el vuelo en helicóptero, dado el volumen de pasajeros que transporta y sus precios prohibitivos para la mayoría de la población. Pero claro, los que tienen el poder para cambiar las cosas no lo ven de la misma forma, aunque tampoco sufren las consecuencias.

La fijación de precios en las empresas se hace normalmente basándose en  modelos teóricos, en los que la cantidad de producto que éstas deben fabricar y vender es aquella que maximiza el beneficio, lo cual se consigue, técnicamente, cuando se produce y se vende aquella cantidad que iguale el precio con el coste marginal, es decir, cuando estamos situados en un punto en el que por cada unidad nueva que vendemos obtenemos un precio igual al coste unitario de producirla.

Pero en la práctica lo que se hace para fijar el precio de venta de los productos es calcular el coste medio total de la actividad, e incrementarlo después en una cantidad o porcentaje de beneficio. Es decir, el precio de venta vendría determinado por dos componentes: el coste medio total más la ganancia por unidad. Esto es lo que se aplica, sobre todo en empresas con clientela cautiva, como es el caso de las navieras que operan en la línea del Estrecho. La pregunta es la siguiente: ¿sería posible que estas compañías navieras obtuvieran beneficios aplicando otra política de precios que fuese más beneficiosa para los ciudadanos?, o incluso, ¿sería posible esta política sin que ello repercutiera negativamente en sus cuentas de resultados?. La respuesta sería que sí a la primera pregunta y que sí, pero con otra política de ventas, a la segunda. Veamos.

Uno de los PRINCIPIOS económicos que se les enseña a los alumnos en las Facultades de Economía es el de que las personas racionales piensan en términos marginales. Los cambios marginales son pequeños ajustes adicionales a un plan de acción. Matemáticamente sería el cambio que se produce en una variable ante un cambio infinitesimal o unitario de la otra.

Pues bien, este concepto es importante para entender la diferencia entre coste medio y coste marginal, pues esta es la clave, por ejemplo, para que cada vez haya más y mejores vuelos, baratos y asequibles a la mayoría de la población, o para que, por ejemplo, el transporte del coche en barco sea gratuito en algunos trayectos entre la Península y las Islas.

Hay un ejemplo que se suele utilizar para comprender la cuestión: Si un avión de 200 plazas vuela por todo el país a un coste de 100.000 €, cada plaza tendrá un coste medio de 500 €. Pero si el avión va a despegar con 10 asientos vacíos, entonces pensar en términos marginales sería más beneficioso para la compañía, pues vender una plaza, en lugar de a su precio medio, a un precio inferior, por ejemplo de la mitad, sería muy ventajoso, ya que el coste marginal, o añadido, de un pasajero más solo sería el de la bolsa de cacahuetes o la lata de refresco que se le daría.

Si este ejemplo lo traspasamos a las navieras, podría dar resultado, ya que si la cantidad de plazas libres de cada viaje se ofertan a un precio inferior al normal, dicho precio sería casi todo beneficio, ya que el coste del viaje seguiría siendo prácticamente el mismo para la compañía, pues los gastos de amortización, personal, atraque y, si me apuran combustible, no variarían. Pero además, esto también podría incrementar la cuenta de resultados de forma notable, ya que estas ofertas más baratas atraerían nuevos clientes, que con estos nuevos precios tendrían más incentivo a viajar.

Pero claro, lo que ocurre es que esta política de precios significa que las Compañías tendrían que estar preparadas para la competencia, que tendrían que calcular racionalmente sus niveles de beneficios y ofertar a los clientes unos servicios de los que no disponen en la actualidad, en definitiva, tendrían que aceptar las reglas del mercado en toda su amplitud, no solo en la parte que les interesa, y dejar de estar en la cómoda posición del perceptor de subvenciones públicas, para el que lo importante es la rentabilidad económica fácil, y lo de menos, paradójicamente, los ciudadanos que lo financian.

Mientras tanto, nuestra ciudad se va hundiendo léntamente, y va perdiendo la poca esperanza de desarrollo que a través del transporte marítimo le quedaba. Y todo con el consentimiento del Gobierno de la Nación, el silencio cómplice del Gobierno local y la apatía de nuestros conciudadanos.

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