En el fútbol, el deporte rey, existen como en otro tipo de deportes varías clases de aficionados que son los que, por decirlo de alguna manera, apoyan a un equipo en una determinada época de sus vidas.
La primera afición a la que podemos mirar es la nuestra, la del equipo de la ciudad, la de la Asociación Deportiva Ceuta. Es, sin duda, una afición totalmente normal, aunque a algunos no se lo parezca. Cuando el equipo va bien, todos estamos contentos, y cuando va mal, los rumores y la sombra sobre la expulsión de entrenador empieza a elucubrarse en la grada. Sí es realmente cierto que tenemos una gran afición que yo denomino “ la afición de los lunes”, que son una serie de personajes que el citado día a primera hora de la mañana corren al lugar de reunión más cercano para conocer el resultado de la Asociación. A partir de ahí, si el equipo ha ganado, esconden su lengua y se marchan a casa o a sus lugares de trabajo por el camino más corto. Si por el contrario, el equipo ha perdido, el regocijo es máximo y empiezan a proclamarse en su mente cientos y cientos de tácticas y mejoras que el equipo “ de sus amores”, el que nunca van a ver, podría llevar a cabo para salir de la situación.
Esto último también ocurre con algunos de los aficionados que acuden asiduamente al Estadio Municipal Alfonso Murube. Estos señores se creen con la verdad suprema sobre el fútbol y con el derecho imperioso de criticar la labor del entrenador en todo momento. Hasta ahí todo bien. El problema viene en el momento en que uno, que tiene uno de estos principales focos de sapiencia futbolística en la fila de atrás, se da cuenta de que realmente lo que reclaman no es más que desahogarse contra el entrenador lo que entre semana o en su casa no pueden expulsar de su interior. Uno se da cuenta de esto cuando escucha comentarios del tipo… ¡Saca a Perita a jugar!.. y pasados diez minutos de la entrada de Perita al terreno de juego exclaman … ¡¿ Cómo se te ocurre sacar a Perita mister?!.... ¡ Pon a Berruezo en el centro!... y cuando el entrenador ejecuta esta acción los reclamos se convierten en un … ¡ Pon a Berruezo en la derecha!... Esto te sorprende cuando miras hacia el aficionado en cuestión y te exclama un… ¡ Vaya manta de entrenador que tenemos!... Ellos, los maestros de la grada, siempre llevan la razón en todo lo que planteen y además siempre echan de menos a un jugador determinado de la anterior campaña, que también en su día fuera criticado por los mismos. Es decir, que si por ellos fuera, todavía jugarían aquí los jugadores del Atlético de Ceuta o de la Agrupación. Si a usted le ocurre esto con algún abonado cercano en la grada del Alfonso Murube, no intente cambiar su forma de ver las cosas, puede resultar extremadamente peligroso.
Dejando un poco de lado el caso de nuestra grada si miramos al panorama futbolístico nacional, nos encontramos con otros de los aficionados que en estos días se han puesto más de moda desde que Ronaldinho, recién nombrado balón de oro, la liara en el Bernabeu. Son los aficionados amantes del buen fútbol y reconocedores de méritos como los que esta clase de futbolistas poseen para practicarlo.
Otro de los aficionados en cuestión es el que suda la camiseta más que Zidane jugando en el desierto. Ese que no pasa un día sin mirar la clasificación del equipo para ver si está un poco más arriba. El que, ataviado con la camiseta o bufanda del club inicia su marcha hacia el estadio de su equipo unas horas antes para comprobar el estado del terreno de juego. Aquel que cabecea desde la grada los centros que proceden de la banda. Aquel que despeja todos y cada uno de los balones que entran en área de su equipo. Aquel que sabe contra quien juega la semana que viene y las bajas por sanción del otro equipo; es decir, aquel que vive por y para el fútbol, y por y para su club. Tampoco es necesario llegar a este punto determinado para ser un buen hincha de tu equipo, aunque realmente admiro a estas personas que no tienen otra preocupación diaria que velar por su equipo del alma.
A la contra de todas estas simpáticas clases de aficiones surge otra que yo calificaría como “ los imbéciles”, y que son, por ejemplo, los que ayer recibieron sentencia por la muerte de un aficionado, hace ya algunos años, de la Real Sociedad. Estos ultras, que no merecen ni ese calificativo ya que hay muchos ultras que saben comportarse como mandan los cánones, son los psicópatas compulsivos, maltratadores y asesinos que, buscando la excusa del fútbol acosan, ultrajan, insultan, golpean e incluso matan a todo hincha, jugador o entrenador del equipo contrario que se les ponga por delante. Todos tenemos en nuestra retina grabados las tristes y pésimas imágenes del aficionado del Sevilla golpeando con la muleta a un guardia de seguridad, al aficionado bético lanzando bengalas contra la afición sevillista, los diferentes campos de España haciendo el mono ante la llegada de Roberto Carlos o Samuel Etoó u otros incidentes graves como la propia muerte de Aitor Zabaleta. El fútbol es un deporte y la rivalidad entre clubes y aficionados no debe ir nunca más allá del terreno de juego.
Estos son algunos de los aficionados que conforman las mareas humanas que algunos de los clubes de nuestra geografía nacional poseen. Todos ellos son necesarios en las gradas y necesarios para el deporte rey. Sólo sobran unos, ¿ sabéis a cuales me refiero verdad?. Seguro que sí.